Después de tomar conocimiento de la preocupación el Virrey Francisco de Toledo estando en Potosí eligió la parte sur de la Plaza del Regocijo, frente a la iglesia Matriz o Catedral, en un solar cuadrado de 75 varas castellanas de lado para la construcción de la Ceca.
Los cronistas Pedro Vicente Cañete y Domínguez y Modesto Omiste manifiestan que el edificio comenzó a construirse en 1572, afirmación que no es aceptada por Medina, que aduce que fue con posterioridad al cierre de la Casa de Moneda de La Plata -hoy Sucre-, a fines de 1574 y principios de 1575.
Al convencerse el Virrey Toledo de la inconveniencia del funcionamiento
de la ceca en ese lugar se decidió que las herramientas y materiales
de la efímera ceca de La Plata fueran trasladados a Potosí.
No cabe dude que a pesar de haberse trasladado los materiales de
La Plata en 1575, bien puede haberse preparado el nuevo edificio en fecha
anterior, para encontrar toda la casa en condiciones de funcionamiento
al recibir las herramientas- y utensilios para su funcionamiento. Cañete
y Domínguez dice que la construcción comenz6 en 1572, cuando
el Virrey Toledo visitó la ciudad de Potosí en viaje de inspección.
El alarife potosino Jerónimo de Leto fue el encargado de
su construcción a quien el Virrey, por provisión de 27 de
septiembre de 1575, certifica el pago de la obra que importó 8.231
pesos un tomín y 13 gramos de plata corriente. La construcción
tenia muros de piedra y barro; modeladas las chimeneas con ladrillo y cal
y las oficinas con techo de teja roja y luciente.
Los gastos que se hicieron entre 1572 y 1575 en la construcción fueron, varios, como la compra de ladrillos en cantidades hasta 8.070 piezas a 30 pesos corrientes el millar y la compra de tejas a 36 pesos el millar.
Intervinieron en la obra: Francisco Nuñez, Juan Herrera y Francisco Ramirez, carpinteros; Juan de Matiazo, maestro albañil; Sarabia de Oropeza, proveedor de maderas; Pedro González y Bartolomé Sánchez, herreros.
En el nuevo mundo, mucho antes de la llegada de los españoles, los indigenas del imperio incaico contaban en sus principales centros de población con expertos en el arte de determinar la ley del oro y la plata que utilizaban en la fabricación de sus adornos y utensilios. La ley del oro era aproximadamente de 21 quilates según datos estimados.
La conquista abrió a los europeos una zona rica en minerales que se incremento con la producción del Cerro de Potosí con sus vetas registradas a partir de 1545. Al principio los españoles utilizaban el true-que, pero muy pronto a medida que las entrañas de la tierra entregaban sus fru-tos, emplearon activamente tejos de oro o plata de ley variable, como reguladores comunes de las transacciones. El sistema tolerado por la falta de monedas, fue com-batido luego por las autoridades que no querian dejar los impuestos reales.
La única solución viable para canalizar la creciente
producción argentífera se ci-fraba en crear Casas de Moneda,
como lo habían hecho en México en 1535, treinta años
después en Lima. Pero la Producción de reales de plata no
alcanzaba a cubrir las mínimas demandas del comercio local. Demás
esta decir que el territorio altoperuano que comenzaba a ser explotado,
solo pudo proveer de metálico a partir de la creación de
la Casa de Moneda en Potosí, que por iniciativa del dinámico
Virrey Francisco de Toledo, inicio su actividad con altibajos en diciembre
de 1572.
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